Lorca: Reflexión al centro de Poeta en Nueva York Varias veces en la historia de nuestra civilización, se ha mermado el objetivo de una obra literaria bajo el yunque de los intereses políticos e ideológicos o, en el peor de los casos, debido a la inexactitud historiográfica. Ese es el caso del poemario Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca, texto que ha sido malinterpretado como una protesta exacerbada contra el régimen capitalista y la superficialidad hiperbólica en la que viven las grandes urbes norteamericanas. Connotación de origen socialista que fue planteada por algunos revolucionarios de la República Española, debido a la inclusión de Lorca en la Generación del 27, mal llamada “Generación de la República”. Por ello, no es difícil encontrar publicaciones que lo erijan cono uno de los mártires del ya fracasado proceso revolucionario. Hoy, después de muchas discusiones entre intelectuales apocalípticos y poetas integrados, rezagos biográficos y correspondencias extraviadas, sabemos que fueron razones de índole personal las que llevaron a concebir tan genial obra, al maestro de Granada.
Trataremos de aclarar esto respondiendo a dos preguntas: ¿Cuál fue el motivo real que agrupó a los escritores en torno a la llamada “Generación del 27”? y ¿cuáles fueron las razones que configuraron la atmósfera creacional de Poeta en Nueva York?
+ Primero
1927 es el año en que se cumple el tercer centenario de la muerte de Don Luis de Góngora y Argote, célebre poeta barroco y una de las figuras señeras de lo que la historia ha llamado el "Siglo de Oro Español", y para algunos tardo-renacimiento.
1927 es el año en que se realizan los homenajes a Góngora (recitales, conferencias, reediciones) y la creación de La Gaceta Literaria, que sería el pódium para todas las producciones del grupo, que nunca pasó de ser un grupo de amigos escritores, preocupados por la difusión de las artes y la cultura (específicamente lo barroco y lo popular).
Los miembros de la llamada “Generación del 27” jamás plantearon manifiestos o pretensiones extra-literarias(a excepción de Alberti, claro está). Lo que tenían en común era que todos admiraban a Góngora (en mayor o menor medida) y aprovecharon la oportunidad para realizar un homenaje y fundar un nuevo espacio de difusión y critica literaria.
Está claro lo que en Lorca y sus compañeros fue admiración por la ampulosidad estética y el sensorialismo extravagante y musical de Góngora, muy alejado del sentimiento de ruptura, pragmatismo y crítica política que caracterizó (entendido en un sentido amplio, si es que existe tal) a los socialistas de la República Española.
+ Segundo
Cuando García Lorca sacó en 1928 su Romancero gitano, pasó de ser un genio de las elites españolas a poeta de fama mundial. León Felipe lo llama en la prensa el “monstruo lírico del siglo XX", pero algunos círculos intelectuales señalaban que la repentina popularidad del Romancero era clímax y parte final de un discurso gitanesco, que había mostrado sus primeros pasos en el precoz Libro de poemas (1919-1921). Además, la etiqueta de poeta gitano -que tanto disgustaba a Lorca- se había expandido por todos los ambientes literarios y ya no había carta o comentario en que no se refirieran a él de esa manera. “La súbita popularidad terminó por deprimirle. Se veía con la etiqueta de poeta gitano, y la etiqueta le desagradaba…Conviene recordar que en los círculos madrileños se sufría por aquellos años una psicosis de preguerra. Temores y conversaciones de una futura conflagración mundial en la que gases y microbios acabarían con la civilización europea…Su estado de ánimo al salir de España choca con el mundo neoyorquino. Resultado: hipersensibilidad de todos los temas y subtemas, violenta deformación de los símbolos con ellos relacionados, de los recuerdos personales y la experiencia vivida". [1]
Así, el poeta se embarca -deprimido, hastiado- con destino a Nueva York para permanecer un año (de 1929 a 1930) en la residencia de estudiantes de la Universidad de Columbia. Se suponía que el viaje era para la distracción y el descanso, un escape a las disquisiciones intelectuales del ambiente madrileño; pero al llegar, Lorca se topó con una ciudad devastada. La "Gran Depresión" poblada por fábricas grises, suicidios, prostitutas, desempleados y delincuentes, le enseñó a doblar el viaje de descanso:
La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
"La aurora". De Poemas de la soledad en Columbia University
Es muy importante valorar el hecho de que la aurora, que representa las primeras horas del sol, está cubierta o resguarda por “cuatro columnas de cieno”, que nos aluden directamente al humo de las fábricas en Nueva York. Al decirnos esto, Lorca nos afirma una suerte de condicionamiento impresionista en relación con el cielo que observa. Esto se une y da sentido a algunos versos del primer poema del libro:
Asesinado por el cielo.
Entre las formas que van hacia la sierpe
y las formas que buscan el cristal,
dejaré crecer mis cabellos.
(…)
Con todo lo que tiene cansancio sordomudo
y mariposa ahogada en el tintero
Tropezando con mi rostro distinto cada día.
¡ Asesinado por el cielo !
"Vuelta de Paseo". De Poemas de la soledad en Columbia University
Cuando hablo de una suerte de condicionamiento impresionista me refiero a que Lorca transforma su estado de ánimo a partir de las impresiones del ambiente. Pero, para no ser apresurados, revisemos el Lorca del Romancero Gitano, publicado apenas un año atrás.
Se ven desde las barandas,
por el monte, monte, monte,
mulos y sombras de mulos
cargados de girasoles.
Sus ojos en las umbrías
se empañan de inmensa noche.
En los recodos del aire
cruje la aurora salobre.
San Miguel (Granada)
Este es un Lorca que habla de otra aurora, de una “aurora salobre”, la de los campos, la de su libertad gitana. ¿Qué pasa entonces cuando Lorca dice: “Tropezando con mi rostro distinto cada día”?
¿Es el cielo gris el que lo asesina y lo obliga a bajar a través de las columnas de cieno hacia el otro desdichado? Pero este es un desdichado que no es asumido como un igual en su realidad social, sino como alguien en quien la desdicha (la del poeta), personal, íntima, se expande y alarga para usarse como material del poema. Los temas más marginales de la vida neoyorquina cobran vida en él para doblarse en la imagen, más no en el discurso social (cuestión que sí ocurre con Coplas a Juan el panadero de su contemporáneo Rafael Alberti). Marginados, prostitutas y niños mendigos debieron causarle desolación como a cualquiera; pero en el fondo, son la excusa que utiliza Lorca para renombrar al mundo:
Las tres ninfas del cáncer han estado bailando, hijo mío.
Trajeron unas montañas de lacre rojo
y unas sábanas duras donde estaba el cáncer dormido
"Paisaje con dos tumbas y un perro asirio". De Introducción a la muerte
(poemas de la soledad en Vermont)
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
"Ciudad sin sueño". De Calles y sueños
Debemos caer en cuenta de que el trabajo de este genial artista nunca fue de índole política. Cuando el 18 de julio de 1936 comienza lo que sería la Guerra Civil Española, Lorca se va a Granada, no sin antes decirle a su amigo Rafael Martínez Nadal: “Me voy porque aquí me están complicando con la política, de la que no entiendo nada ni quiero saber nada .Soy amigo de todos y lo único que deseo es que todo el mundo trabaje y coma. Me voy a mi pueblo para apartarme de la lucha de banderías y de las salvajadas”.
Definitivamente, todo análisis de esta obra y del poeta sería diminuto en relación con el universo creacional que este significa. Al cumplirse el septuagésimo aniversario de la muerte de Lorca (16 de agosto de 1936), escribo estas líneas pensando en que sirvan para subrayar en algo, lo que el poeta defendió en vida: la independencia del arte, que atraviesa la realidad para reencontrarse con la pureza. No en vano, Lorca nos dice:
No preguntaré nada. He visto que las cosas
cuando buscan su curso encuentran su vacío.
Hay un dolor de huecos por el aire sin gente
y en mis ojos criaturas vestidas.
[1] Rafael Martínez Nadal. Autógrafos, Federico García Lorca, Oxford, Dolphin Book Co.Ltd, 1975.





















